Bueno, bueno, bueno, no hay viaje sin anécdotas y aquí van las mias.
Teniendo en cuenta que mi nivel de inglés es, mirándolo con buenos ojos,
elemental, (¡mira! como Wattson), no he perdido ninguno de los dos vuelos,
aunque lo han intentado de verdad.
El primero sin problemas, puesto que hasta el más tonto hablaba mi idioma,
(estaría bueno tratándose de mi país), aunque una vez a bordo del avión, ¡Jopé
Angi cómo te han debido pitar los oídos!, resulta que la compañía es holandesa
y ni papa de Castellano, que con el español latino me habría apañado, vamos.
Lo que pasó a bordo lo anticipé en la entrada anterior.
Llego a Holanda, ¡Ooooohhh! País de los tulipanes, ¡qué bonitos! ¡de todos
los colores! por todos lados del aeropuerto estaban (me cachis en la mar ¡QUE
TENGO ALERGÍA JODER! -lo siento mamá pero aquí un jolín
queda ridículo-).
Bien, pues ahí estoy en el aeropuerto de Amsterdan con tiempo suficiente
para encontrar mi puerta de embarque a la 2ª parte del viaje. Las
indicaciones... genial son pa’ ciegos, te hacen unas letras enormes y de
colores, (¡vaya como los tulipanes!), así me gusta, que, lista de mi voy y
facturo las gafas).
Aunque más o menos lo llevo todo claro, (hace mucho mirar el billete), yo
por si acaso hago caso de mi madre que dice eso de : “tú pregunta hija, que
preguntando se va a Roma”, ya mamá pero el problema es que no me entienden,
aunque pregunte, y yo no quiero ir a Roma, quiero ir a Toronto. A pesar de todo
yo pregunto, con mi inglés al estilo Wattson, o sea, elemental. Y ellos me
responden con su inglés de PM, o sea el que tendré cuando vuelva. ¡EEEEHHHHH!
¡que les entiendo! Total el to’ pa’lante, ya se sabe: “cómo los de Alicante”.
Tras recorrer medio aeropuerto..., “puerta de embarque E9”, bien, he
acertado. Voy a cerciorarme... miro la pantalla ... pues sí ahí pone Toronto,
KLM, 17:40; vale, pues he acertado, ¡qué buena soy!
Estoy pensando que no se porque narices me voy a estudiar inglés si me
manejo que te mueres.
Llego pronto, son las 16h, creo que voy a ver si encuentro internet por
algún sitio que quiero mandar un mensaje a mi chico.
Creo que he visto algo de internet en la excursión por el aeropuerto, voy
a preguntar que estoy en racha.
Pues sí hay internet. Pago 3 euros por 15 minutos de internet, (en fin,
sin comentarios), y cuando se acaba me voy tranquilamente hacia mi puerta de
embarque, tengo tiempo, solo son las 17:15.
Llego y ahí no hay ni el tato. Primer mosqueo. Miro de nuevo la pantalla:
datos correctos. Me paseo por una tienda, compro unas cosillas y me siento a
esperar. Qué raro, sigue sin haber nadie: 2º mosqueo, son ya casi y media, esto
no está bien. Vuelvo a mirar la pantalla:
¡HORROR!, abajo en letras rojas muy pequeñas (y yo sin gafas), pone algo
de de puerta E17.
¡PÁNICO! Como pregunto yo si se ha cambiado la puerta y dónde narices está
la 17. Un empleado por allí (por cierto el único), ni papa, más o menos me dice
que arriba, pero hombre, ¡arriba de dónde! ¡cómo subo!, ¡hay que leche, a que
pierdo el vuelo!.
Nooooooooooo....
Tranqui todo el mundo, que he visto en amarillo (¿mala suerte?, y una
leche) y bien grandote E17. Me acerco
corriendo, con el sandwich a medio comer, me están esperando, ya no queda
nadie, (bueno así no espero colas, :-p).
O no tengo que volver a pasar el arco, me acabo de comprar una botella de
cocacola zero y aún no la he abierto. Pues nada, a quitarse todo, a tirar las
botellas y corre que te corre que soy la última.
Llego por fin al avión, busco mi sitio, el 43 G (cariño la G es pasillo,
en la parte central, que este avión tiene 10 asientos por fila), al final del
todo, casi me siento en la cola. Oh,oh, me llega la azafata, perdón, auxiliar de
vuelo, y me suelta una parrafada en inglés, y yo la miro con cara de no me
entero maja y la suelto: “I don’t speak english, i’m spanish” y con cara de
horror intenta explicarme que no coge mi troler en el compartimento y que se lo
lleva a otro lado (bueno, yo más o menos te entiendo guapa, pero la señora que
estaba delante de mi y que se había sentado en mi asiento no las caza ni a la
de tres).
Bien, pues ya está aquí estoy sentada en una hiperestrecha butaca (qué
menos mal que he adelgazado un poquito), rodeada de gente que no parla nada de
nada, aunque al lado tengo un chiquito, muy majete, que intenta ayudarme en
todo lo que puede, en inglés claro, pero lo intenta.
Ah, y por último, encima me dan un cuestionario para entrar en Canadá que
por supuesto no está en español.
En fin, y aquí estoy, a 4 horas de llegar a Toronto, escribiendo esto para
hacer tiempo en el avión porque tengo pocas películas en español, bueno en
latino, y acabo de ver la de Hugo que ha sido un rollete, así que me he dicho: “voy
a contar algo a los míos para que se rían un poquito estos días”. (fin de la
transmisión).
Ya he llegado a Toronto. Salir del aeropuerto me ha costado un montón ya
que hay que pasar un montón de controles y en todos te preguntan lo mismo. Pero
por fin como más de una hora después de aterrizar, llego al hall donde me
espera mi hombrecito con el cartel y mi nombre, que por cierto es un folio con
mi nombre escrito (vamos, que no se ve ni con las gafas). Sorpresa!, el tío es
Colombiano, así que por fin puedo hablar con alguien que me entiende.
Tras más de una hora de coche con parada incluida (éramos dos las que
llegábamos), por fin llego a mi destino, una casa preciosa y un matrimonio
encantador, me esperan en un porchecito monísimo. En seguida me enseñan todo y
resulta que la madre de ella es de Cádiz, por lo que Olga habla algo de
español. Vaya, vaya, me parece a mí que tengo que hacer como que esto no ha
pasado y no saben nada de nada de español, que si no me veo que me acomodo y
eso no me conviene.
En fin, me voy a dormir que son las cinco menos cuarto en Madrid, y me he
levantado a las siete y media, así que estoy muerta de sueño. Good night a
todos.
Maravillosa la entrada!! pero cuéntanos a qué huele Canadá?? si no tienes demasiada alergía, claro!! jajaja
ResponderEliminarEspero que hoy hayas descansado todo lo que debías y escribas con tu buen humor otro nuevo capítulo de esta aventura!!
besos